
"(...) El silencio de un muñeco es el silencio más relajante de todos, y su calma es la perfecta calma de un nonato. Podría estar armando un escándalo, pero no lo hace; y es precisamente esa falta de actuación, su naturaleza frustrada la que lo convierte en la compañía ideal, al parecer en mi verdadero amigo. ¡Mi trozo de madera, cómo te adoro! Mire cómo sus manos reposan sobre el regazo en una plegaria vacía. Mire el porte majestuoso de sus extremidades caídas y sin fuerzas. Mire sus labios entumecidos que no mascullan nada, y mire esos ojos, ¡cómo mantienen la vista fija para siempre!"
("El doctor Voke y el señor Veech", Thomas Ligotti)
No puedo decir con seguridad cuánto tiempo llevaba sin adentrarme en una lectura de género de terror que no fueran repeticiones de relatos ya leídos y releídos (encontrando no por ello menos placer) que siempre terminaban siendo Poe, Lovecraft...
Descubrí a Ligotti hace un mes, por casualidad, con "La fábrica de pesadillas", una serie de relatos cuya característica más destacable, para mi gusto, son sus atmósferas.
Atmósferas inquietantes, atmósferas olorosas con regusto a putrefacción, atmóferas palpables a través de su pátina pringosa y seca al mismo tiempo, hastíada.
Una maravilla, una joya que todo aficionado al terror no puede dejar escapar o ... que NADIE con ansias de excrutar el lado perverso y crispado de la mente humana debiera obviar.

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